No soy mujer de presentaciones, ¿para que decirles un nombre? Sí yo se, que como todos, en la continuidad de estas hojas este mismo (nombre) pasara a un plano secundario y quedara en el olvido; sí yo se, que como ha todos nos ha pasado, generalizamos, vamos a lo “hondo” de nuestras memorias y nos perdemos entre viejos y malos recuerdos para hacernos, así de simple, al lado de unas cuantas letras que se transforman en un nombre un ser que quien quita y no sea como creemos o que si lo es no nos damos el placer de verlo por nosotros mismos.
No, no diré mi nombre, si acaso digo algo, además de vagos, y de vez en cuando falsos o decorados recuerdos será mi edad, nombres de otros u nombres o titulillos de otras cuantas situaciones.
He de tener en aproximado 24 años, no ha sido, en efecto, una vida larga, y sé que no lo será. Vivir para mí contiene más que un número grande asentado en el betún de un pastel, y mucho más que un cúmulo de estudios o certificados que acrediten fácilmente haber cruzado por las impuestas “instituciones educativas”. Vivir contiene un millón de matrimonios y, sólo, decenitas de divorcios. Contiene en si misma una cadena de manos que esperan para pasearse a tu lado y un montón de pies dispuestos a andar en dirección opuesta a los tuyos. Vivir es saber dejarse ir cuando el asombro ya no tiene lugar, cuando uno ha caído, y ha arrastrado a alguien más al abismo de la costumbre y la simplicidad, vivir es no sólo estar allí, si no darse a estar y darse a todo lo que uno quiera, pueda y sea capaz de hacer o desear. Vivir es contemplar a la muerte como el punto de inicio de una existencia circular: como una experiencia mas que de cabida a un montón de sueños y de pesadillas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario