Fue sencillo: te marchaste, y lo hiciste con todo el afán de volver.
Agarraste tus maletas incompletas dejándome en los cajones pequeños detalles y errores de ti.
Mis recuerdos afloraban.
Mis sitios favoritos eran los tuyos,
Siempre estabas allí.
Perdido en mi, y, sin ti.
Volvías y te ibas, así era.
Te marchabas sin calcetines y con mis cinturones y mis ganas, me dejabas adolorida en toda circunstancia.
Partías como partías los pasteles, de forma circular: volviendo al mismo punto.
Marchabas y regresabas como una fuga.
Como una triste repetición de patrones, y yo como tu patrón me encontraba a la deriva.
Me perdía cuando te ibas 5 minutos a improvisar.
Regresabas vacío a robarme el silencio y la soledad.
A llevarte mis palabras y mis suspiros, a llevarme en su totalidad.
A tomarme entre conjeturas e irte con tus magias.
Venias como la nada en medio de la noche y te ibas, enaltecido, a medio día, a media luz y a medio rostro.
Fue, lo repito, sencillo.
Tomaste lo que no eras y partiste.
Volviste y te reencontraste y, cuando ese sentimiento suspiró como lo hizo años antes, partiste.
Te llevaste contigo las pistolas de agua y la vida de los peces.
La plumas de los sueños volátiles recargados en el centenar de almohadas superpuestas como cama.
Te llevaste contigo mis ganas de irme y dejarte.
Te llevaste contigo mi ilusión de vida y me temor a la muerte.
Te llevaste justo lo que no te era necesario para volver sin culpa.
Fue, lo vomito, fácil; tan fácil que en ese punto ya no dolió.
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