1.8.11

La mía vida

Aunque no me vaya dejare de estar. No es que la vida me resulte aburrida, pero hay momentos en los que uno se tiene que hacer al lado. Agitar la mano ansiosamente buscando una despedida, un hasta luego. Si bien no me voy y me vez en el café de siempre, y sin azúcar, ten por seguro que no  seré yo. Que es posible que te topes con mi cuerpo, que roses el frio de mis manos, que te pierdas en las olas de mi pelo, que revientes por verte en el reflejo de mis ojos y que revientes al verte y no ser conmigo tras el color de mis pupilas, que no sea yo la que te vea y que sea el recuerdo de mi lo que tu miras.
No me quedare y eso es entendible. Ya el espíritu se ha cansado de tanta agonía, de no poder morir en el despertar de un sueño, y de no poder vivir mientras muero soñando. No me iré y eso es reprochable. ¿Para que quedarse? ¿Para refrenarme ante los placeres de la vida? ¿A conversar con las paredes en espera de una respuesta mejor que la de algún semejante? ¿A cerrar los ojos al caminar por la noche para pretender que es mi párpado la oscuridad del cielo? ¿Me quedare a buscarle el ritmo a una vida monótona de ¾? ¿A encerrarme en un circulo pa’ cambiar de percepción o grado y ángulo? ¿Me quedo pa’ pellizcar al otro y decirle a gritos que me quiero ir y que no puedo? ¿A retar a uno de los tantos imaginarios colectivos pecando en todo lados y en todos los sentidos? ¿Me quedo a escribirme derrotada en un anaquel que no es ni histórico ni relevante? No me quedo y eso es lo que importa.
No me voy y es pasajero. Me quedo con los ánimos arriba. Me quedo a espantarme las ganas y a quitarme pesadillas. A restaurarme sobre el rocío del pasto y bajo la inicial brisa de la peor tormenta. Me quedo a perseguirte e ilustrarte, a llenarte de colores. A invitarte a los vicios de mi aroma y a aplicarte, a esbozos, las ilusiones pasajeras de un infante que trepa al árbol pa’ pescar las mariposas. Me quedo pa’ en un tiempo perderme y en otro irme. Me quedo pa’ no estarme y escucharme. Pa’ escuchar a con quejas mis gritos, pa’ tropezarme en busca de mi cielo brusco y mi hijo perdido. Me quedo pa’ pasar la tarde y coger la noche.
//            Estoy y no lo hago. Me buscas y no me encuentras, ¡imposible! Permanezco. Sigue aquí esta construcción física de mí, no se ha ido. No se ha querido ir y sin razones no se encuentra. Aunque no me vaya dejare de estar. No veras de último la sombra de mis dedos ni el perfil del ojo que regresa a no llorarte en el extremo de perderte, en la mirada de reojo que deja tras de si un rostro melancólico y tirado a la fantasía. No me voy mas no me quedo.                  //



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