9.12.10

Él y ella

Bésalo, gritaste.
Rompíamos a cada minuto esa barrera tan nuestra.
Búscala repetían mis labios, y el tono de mi voz variaba.

No sabíamos ni quienes éramos y no nos era necesario.
Las acciones antes dichas ambos sabíamos eran las mejores, esas acciones imposibles en nosotros eran la solución.

Nos dedicamos a perder la tarde nombrándonos falsamente para no sentir culpa. Ambos sabíamos que la idea en su totalidad era una estupidez, y ambos seguimos al final del día y al inicio de la noche.

Bésalo me dijiste una vez más, y yo, grite por última vez que no.

Bésalo susurraste lentamente mientras te hacías mi cómplice. Tú sabes más que yo, argumentabas, tú lo conoces mejor que yo, y sarcasticamente reías. La construcción de su persona ya fue repasada por sus mayores y ese detalle carnal le destruirá su ego. Búscala salió una vez más de mi boca, un cambio de tema me resultaba conveniente.
Por mi cabeza pasaba la cosa en sí, yo era la que ganaba, el tranquilo e ignorante, yo ansiosa y en pausa total. Mi mano sobre la suya, contigo a mi lado para no irme, y por fin el beso. La cosa en si se creó en mi cabeza.

Búscala te decían mis ojos.
Tu solo te imaginabas el camino hacia ella. Te veías frente a su ser y con tu orgullo y el suyo venía a ti toda una discusión. Las frases fluían por tu ser, la razón no la poseías por completo pero la necesidad de ella te había estado carcomiendo lentamente.
Caminabas apresuradamente, 20 seg. Hacia la biblioteca y si allí la encuentro no le negare el placer de los libros.
20 seg. Hacia la biblioteca, un aproximado de 50 metros y la mitad de los mismos siguiendo su silueta. Perdías, ganabas, y si ganabas la dejabas ir.

Salimos lentamente, rehusábamos la conexión nacida entre nosotros y no salía de la conexión la comparación de personajes.

Planes vacacionales. Preferencias musicales y algunas experiencias formaban lo que sabíamos pasaría más adelante. Tu lloroso enfrente de cualquier cosa. Yo llorosa frente a nada.

Entre nosotros un abismo conocido nacía y crecía rápidamente. Ambos en el mismo sitio en los mismos tiempos, y en el momento más inadecuado ambos juntos.

Apostamos por las risas y por el conocimiento de ambos. Apostamos a la maldad de la curiosidad y a la fatalidad del vicio. En algún momento nos volveríamos a ver.
En algún momento recaeríamos en la situación en la que nos encontrábamos, y en ese momento nos daríamos cuenta que el paso del tiempo no afecto lo dicho y entredicho.

Negarnos a leernos y a sabernos no había sido necesario. Supimos tanto de nosotros en tan poco tiempo.

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